10 ene. 2008

Nadie...



Fui el paño de lágrimas de muchos
y las propias tuve que secar sola,
otras tantas fui hombro que consola,
para mí, timos duchos.




Y muchas veces desplegué mis manos
a esos que de mi más necesitaban,
si embargo las mías siempre acababan,
en los vacíos vanos.



He sido los oídos que atendían
cada palabra dicha en el silencio,
para mí, no reniego, ni sentencio,
pero sin más no habían.



Otras tantas alas para volar
ahora las mías están partidas,
y no puedo emprender subidas ni huidas,
nadie las puede dar.



De todo lo que di no me arrepiento
pero me duele sentir las carencias,
después de tantas horas de vivencias,
y que no haya un aliento.



©Diosa(E.M.R)

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