14 dic. 2007

Eco...














Aún percibo al llegar la madrugada
si cierro los ojos casi embelesada,
portado por el viento el suave murmullo
de tu voz como una tenue melodía,
que es para mí como exquisita ambrosía,
un goce que me adormece con su arrullo.




Y todavía la fragancia a lavanda
de tu piel llega intensamente mezclada,
con el olor del cañaveral cercano
que se desprende y fluye de la marisma,
el perfume que era sin duda el carisma,
que me envolvía con su aroma lozano.



Aún distingo en las aguas el reflejo
de tu fina silueta cual claro espejo,
y las ramas de las cañas esparcidas
entre las sombras parecen que dibujan,
unos largos brazos y manos que acunan,
como si fueran las tuyas extendidas.




Y todavía ando perdida en el velo
que modelaron las estrellas del cielo,
para reservar el placer del amante
de la luna con su curiosa mirada,
vaporoso recuerdo de enamorada,
que cada noche trae un eco distante.



©Diosa(E.M.R)

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