9 sept. 2007

Ocaso




Es tan pálida figura
que casi no se vislumbra.

Y son oscuras sus lágrimas
un estigma de su anima.


Pasa en soledad el tiempo
castrando los desalientos.


Como un ángel abatido
por un añejo destino.


Arrastrando las cadenas
de puntillas traicioneras.


Se ahoga entre las tristezas
de lacerantes vilezas.


Con la mirada perdida
en una estrella extinguida.


Y mariposas extintas
ante su extraviada vista.

Es la luna compañera
en las noches tan eternas.


Siendo ella la que conoce
sus confidencias a voces.


Y los secretos que esconde
tras vigorosos barrotes.


Ni siquiera su reflejo
se divisa en el espejo.


Solo con la oscuridad
su ser tiene afinidad.


Y es tan triste la existencia
encubiertas de apariencias.


Pintadas con los colores
de estrepitosos errores.


Convirtiendo en un suplicio
inevitable su exilio.


Al que su alma encomendó
desterrando sin perdón.


A vagar entre las sombras
con la voluntad absorta.


Buscando la libertad
entre jirones de nieblas.


Y viejos toques funestos
de acordes a los lamentos.


Rogando caer en brazos
del innombrable vocablo.

Para entrar al otro lado
y por fin hallar descanso.


Diosa(E.M.R)

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